
El término afrodisíaco deriva de Afrodita (Venus en la Roma antigua), divinidad femenina griega relacionada con el amor, la fecundidad, la energía primaveral, la lujuria, la belleza, la prostitución y la reproducción.
En la actualidad se la conoce como «la diosa del amor», es importante señalar que normalmente no era el amor en el sentido cristiano o romántico, sino específicamente Eros (atracción física o sexual).
Los afrodisíacos son sustancias que estimulan el deseo sexual, entre las diferentes categorías se encuentra los siguientes:
Por asociación sensual:
Son los alimentos y plantas que por su forma se parecen a los órganos sexuales, tomemos como ejemplo el plátano, pepino o espárragos, muy parecidos al órgano sexual masculino, las ostras, almejas o mejillones, son alimentos que por su forma nos recuerdan al órgano sexual femenino (vagina), fresas y manzanas rojas similares a la mucosa genital femenina y por último los que guardan un gran parecido a la forma del cuerpo femenino entre los que encontramos las peras.
Por excitación de vías análogas a las sexuales:
En este grupo el elemento principal son los perfumes y fragancias.
Por tradición cultural:
En este grupo podemos incluir los mariscos, el borojó, el guaraná, el chontaduro, los nidos de golondrina, el semen de animales, los cuernos de rinoceronte, el picante de bachaco culón catara del Amazonas y el ginseng (raíz china) que contiene péptidos que podrían mejorar el bienestar general y la función eréctil.


